El carnaval rural tiene como denominador común la presencia de elementos cotidianos procedentes del campo y la ganadería cargados de una interesantísima simbología. Los ruidosos cencerros, por ejemplo, que aparecen en numerosos desfiles tienen como misión principal la de espantar a los malos espíritus.
“Una ciudad desierta deja de ser una ciudad. ¿Qué sentido tiene una calle si nadie pasa por ella? Cuando paseas por una ciudad vacía es como si pasearas por las entrañas de un ser muerto. El hecho de encontrarme con la ciudad desnuda sin nada más que me distraiga es algo que me gusta; el silencio ayuda a no distraerte y dejar que las calles ‘te hablen’”.